lunes, 1 de junio de 2015

EL DUENDE: 

Es un singular espanto que camina con los pies volteados emitiendo un chillido aterrador.

Se dedica a fastidiar las familias de los campesinos hasta que los desespera y los hace emigrar hacia las ciudades.

La mayoría de veces se dedican a cambiar las cosas de su lugar o esconderlas. El duende habita en cuevas ubicadas en barrancos, en donde acostumbra esconder a los niños para hacerles comer excremento de caballo o enloquecerlos.

Por las noches se dedica a tirar piedras a los techos de la casas, a perseguir a las muchachas en edad de tener novio, a hacerle trenzas a los caballo o a tocar guitarra. Precisamente una de las maneras de ahuyentarlo es colocándole una guitarra destemplada a media noche y así dejará en paz a la familia.
 
Dice la Leyenda que el duende es un ángel expulsado del cielo debido a su envidia hacia Dios, y fue condenado a vagar por los campos asustando a las personas.

Cuentan que "a las jovencitas que tienen novio y cuando éste está de visita, las fastidian con órdenes o secretos malignos al oído, que el pobre joven se indigna y termina por no volver a ver a su adorada.

Si no está presente el muchacho o pretendiente, las perturban en la casa con órdenes y consejos, hasta que las enajenan para que no se verifique el matrimonio. Durante el sueño, estos espíritus les ocasionan pesadillas, las llaman a un lugar conocido, hasta que las tornan sonámbulas.

Así han encontrado varias vagando lejos de su residencia, que van o vienen por determinado sitio, sin darse cuenta ellas de tal acto. Hasta que alguno de la familia o conocido la encuentra en estado de subconsciencia."


LOS CADEJOS: 
Según la leyenda existen dos cadejos, uno blanco y otro negro, y simbolizan el bien y el mal respectivamente. El blanco es guardián, y el negro es fiero y peligroso.

El cadejo es el espíritu que cuida a los borrachos durante la noche, sobre todo a aquellos que apenas pueden mantenerse en pie. Si el borracho tiene la suerte de ver aparecer al cadejo blando, el bueno, éste permanecerá a su lado protegiéndole. Pero se dice que si el cadejo lame al borracho le hará compañía durante días, y será difícil librarse de él. Al menos, durante las siguientes borracheras el cadejo blanco evitará que el negro se le acerque.

Hay versiones que dicen que en realidad el cadejo blanco cuida de la familia, mujer e hijos, cuando el marido se encuentra fuera de la casa.

El cadejo negro es el que siempre va detrás de los hombres que han bebido demasiado. Hay quien dice que antes el cadejo había sido humano, pero algún maleficio le condenó a vagar de esa manera hasta el final de los tiempos. No se han conocido historias de ataques relacionadas con estos entes.


Lo que más prevalece sin duda, es el sentido protector del cadejo. Es el vestigio de una antigua creencia que supone que todo humano posee un animal de compañía. Este animal es el doble del hombre, de tal manera que la enfermedad o la muerte del primero conllevan la enfermedad o la muerte del segundo.

 "Ven temprano le decía Juan a su padre que por sus largas borracheras no paraba en su casa ni de día, ni de noche. A lo cual contestaba este “hijo de Dios en mi casa cuídame tu a mi familia, madre que te engendró y padre respeto por Dios quiero yo”. Aburrido de estas palabras que a diario escuchaba, decidió darle un escarmiento, consiguió un cuero negro, varias cadenas de perro y se escondió a su espera. Como siempre y de madrugada apareció su padre con tremenda borrachera, aprovechó Juan y poniéndose el cuero y sonando las cadenas quiso darle una lección. “Por asustarme y contradecirme “cadejos” quedarás y a todos los borrachos del mundo en sus necesidades ayudarás". 


LA PALOMA TORCAZ: 

Había una vez un guerrero valiente y apuesto.

Amaba la caza y así, con frecuencia, iba por los bosques persiguiendo animales. En una de sus cacerías llegó junto a un lago y, lleno de asombro, contempló a una mujer bellísima que bogaba en una canoa. El guerrero quedó tan enamorado que, muchas veces, volvió al lugar con el ánimo de verla pero fue inútil, pues, ante sus ojos, sólo brillaron las aguas del lago. Entonces pidió consejo a una hechicera, la cual le dijo:

No la verás nunca más, a menos que aceptes convertirte en palomo.

¡Sólo quiero verla otra vez!

Si te vuelves palomo jamás recuperarás tu forma humana.

¡Sólo quiero volverla a ver!

Si así lo deseas, hágase tu voluntad.


Y la hechicera le clavó en el cuello una espina y en el acto el joven se convirtió en palomo. Este levantó el vuelo y fue al lago y se posó en una rama y al poco rato vio a la mujer y, sin poderse contener, se echó a sus pies y le hizo mil arrumacos. Entonces la mujer lo tomó entre sus manos y, al acariciarlo, le quitó la espina que tenía clavada en el cuello. ¡Nunca lo hubiera hecho, pues el palomo inclinó la cabeza y cayó muerto! Al ver esto, la mujer, desesperada, se hundió en el cuello la misma espina y se convirtió en paloma. Y desde aquel día llora la muerte de su palomo.


EL HOMBRE QUE VENDIÓ SU ALMA: 

Cierta vez un hombre bueno pero infeliz decidió salir de apuros vendiendo su alma al diablo.

Invocó a Kizín y cuando los tuvo delante le dijo lo que quería. A Kizín le agradó la idea de llevarse el alma de un hombre bueno.

A cambio de su alma el hombre pidió siete cosas una para cada día. Para el primer día quiso dinero y en seguida se vio con los bolsillos llenos de oro. Para el segundo quiso salud y la tuvo perfecta. Para el tercero quiso comida y comió hasta reventar. Para el cuarto quiso mujeres y lo rodearon las más hermosas. Para el quinto quiso poder y vivió como un cacique. Para el sexto quiso viajar y, en un abrir y cerrar de ojos, estuvo en mil lugares.

Kizín le dijo entonces:

Ahora ¿qué quieres? Piensa en que es el último día.

Ahora sólo quiero satisfacer un capricho.

Dímelo y te lo concederé.

Quiero que laves estos frijolitos negros que tengo, hasta que se vuelvan blancos.

Eso es fácil dijo Kizín.

Y se puso a lavarlos, pero como no se blanqueaban, pensó: "Este hombre me ha engañado y perdí un alma. Para que esto no me vuelva a suceder, de hoy en adelante habrá frijoles negros, blancos, amarillos y rojos".
EL CANTO DE LA FLOR DEL AMATE (Guastatoya):

De tal manera que en El Progreso-Guastatoya don Domingo Castillo, "contador de maravillas", de la aldea Casas Viejas, narra el cuento "El Canto de la Flor del Amate", muy difundido y vigente en todo el departamento. Asegura don Domingo Castillo que ese palo es encantado y nunca da flor, pero cuando le entra el encanto si florece. "El encanto sólo se abre la noche de la víspera del Día de San Juan y es necesario que haya luna llena. El hombre o la mujer deben llegar al pie del árbol a las doce de la noche para que les caiga el encanto". Y si al Encanto del Árbol le cae bien la gente, les deja caer una flor y con ello los vuelve "suertudos en el amor y con mucho dinero".







EL SISIMITE:

Según narra la leyenda, El Sisimite, también conocido como Itacayo es un monstruo muy parecido al temible Pie Grande de Los Estados Unidos, y al Yeti del Tibet tanto en apariencia como en sus misteriosos avistamientos.

El Sisimite es una especie de mono, o monstruo, de largo pelaje, gran altura y mucha fuerza que habita en las cuevas que están en lo profundo e inaccesible del bosque, se alimenta de frutas y vaga libremente por las montañas más altas.
Se dice que los Sisimites bajaban de las montañas a lugares más transitados del bosque en busca de mujeres, a las que secuestraban y se las llevaban a sus cuevas, naciendo de esta unión una especie de hombres mono, una de las características del sisimite es que los pies los tiene al revés lo que creaba un efecto en sus huellas que simulaban que ya  había pasado por allí cuando en realidad estaba cerca.
El momento que aprovecha para efectuar la caza de las jóvenes es cuando se recoge el maíz de las milpas (cultivos de maíz). Valiéndose de que el maíz es muy alto se camufla y a gran velocidad y con gran destreza se lleva a su víctima a su cueva que no es de fácil acceso si es que se le encuentra.
 
Tiene gran fuerza y hace fuertes gruñidos como un mono aullador. Una vez que tiene a la joven se dice que la tiene para que le tenga sus hijos, embaraza a las jóvenes dando así a luz a una criatura mitad humano mitad bestia.
 
Se conoce todo esto pues que se sepa solamente una mujer logró escapar de las garras del Sisimite aunque esto le costó perder los engendros que había dado a luz con el grotesco ser.
Muchos pobladores aún comentan con admiración la asombrosa historia de una mujer que logró escapar de la cueva donde la tenía secuestrada el Sisimite, se dice que el monstruo al darse cuenta del escape persiguió a la mujer con los tres hijos de ambos pero ella no se detuvo y cruzó el rio, del otro lado se detuvo un instante y vio como el Sisimite enojado porque no regreso tiró los niños al rio y se ahogaron.
Al Sisimite se le asocia al Dios Chac de la Cultura Maya y los pobladores aseguraban que en el interior de las cuevas están grabadas las manos y huellas que dejaron los sisimites.




LA LEYENDA DEL JILGUERILLO

Cuenta la leyenda que hace cientos de años una tribu indígena se estableció en la zona Atlántica de nuestras tierras. Entre ellos había un guerrero muy cruel llamado Batsu.

 Un buen día Batsu decidió buscar esposa y escogió a Jilgue, una hermosa joven que acostumbraba pasear por el bosque cantando como un pajarillo.

Cuando Jilgue se enteró de las intenciones de Batsu huyó a esconderse en el bosque.

Batsu estalló en cólera cuando supo que la joven había desaparecido y mandó a sus guerreros a buscarla. Al poco andar escucharon el canto de Jilgue. Pero cada vez que se acercaban al sitio de dónde venía el canto, Jilgue había desapareció. Entonces Batsu mandó a quemar el bosque. Cuando las llamas comenzaban a levantarse le gritó a Jilgue que si salía podía salvarse.


Ella le respondió que prefería la muerte. El fuego se hacía cada vez más fuerte. De pronto vieron como Jilgue cayó al cuelo u agonizó. Pero un pajarillo color ceniza, con el pico y las patas rojas, comenzó a cantar sobre sus cabezas. No era el canto de un pájaro, era la voz de Jilgue, que desde entonces se sigue escuchando en el canto de los jilgueros que hoy pueblan los bosques de nuestras tierras. 

LA PARRA DE UVAS Y LA MUERTE (San Antonio La Paz): 

En San Antonio La Paz, los cuentos en los que la muerte es el protagonista principal, tienen mucha aceptación entre la población de la comarca. Así, don Francisco Barrientos narra el cuento de "La Parra de Uvas y la Muerte". Don Francisco afirma que había un anciano que tenía como toda fortuna doce centavos, con los que compró tres panes blancos, ya que se encontraba muy hambriento. Pronto apareció un niño quien le pidió un pan, el hombre se lo dio de buena gana. Luego, regaló su segundo pan a una vieja y el tercero a otro anciano. Viendo que se habían terminado sus panes, el señor se disponía a buscar raíces para comer, cuando se le apareció el anciano a quien le había obsequiado un pan. Este anciano le regaló el costal de los deseos. Con este costal el hombre pudo comerse un canasto de quezadillas y pescados fritos.
El niño, a quien él también había dado un pan, lo gratificó concediéndole una mágica parra de uvas que tenía la virtud de que aquél que se subiera en ella no podría bajarse.

Por último, la vieja le concedió vida eterna, o, bien, tener el privilegio de morirse en el momento deseado. Al tiempo, el diablo y San Pedro discutían porque el primero quería llevarse al anciano a los infiernos y el segundo deseaba que siguiera viviendo. Entonces el diablo bajó a la tierra a traer al anciano; en seguida éste ordenó al costal encerrarlo. Cuando el diablo estuvo encerrado, el anciano le dio tal apaleada que ya no le dieron ganas de regresar y se quedó en el infierno.

Luego, la muerte decidió llevarse al anciano; llegó a su casa, tocó a la puerta e informó que llegaba a traerle. El anciano entonces dejó pasar a la muerte y la invitó a comer uvas. Cuando la muerte se subió a la parra y después quizo bajar, ya no pudo y así el mundo pasó sin muertos durante algún tiempo. Al fin el anciano dejó bajar a la muerte y ésta se fue. 


Pasaron los años y el anciano deseó morirse, entonces bajó al infierno y el diablo al reconocerlo no le dejó entrar. Entonces se fue al cielo con San Pedro, quien tampoco lo dejó pasar, pues había dejado a la muerte atrapada años antes. Entonces el anciano se dirigió al Padre Eterno quien si le dejó entrar a la gloria, ya que ese hombre le había dado pan en la tierra.

Leyendas de El Progreso







Aunque el término leyenda surgió de la práctica de las lecturas piadosas de los monasterios medioevales, su acepción actual se formó en el siglo XIX. Se ensayará aquí la identificación de las características de la leyenda por comparación con el cuento, la anécdota, la novela y el mito.

Leyendas de Guatemala se compone de una serie de cuentos que transforman las leyendas orales de la cultura popular en manifestaciones textuales pertinentes. Entre las leyendas más interesantes de la comarca del Progreso están las de aparecidos, ánimas en pena y espantos como el Sisimite, el Duende, los Cadejos y el Lagarto, que se cuentan en Sansare, Sanarate y San Antonio La Paz.


LA SIGUAMONTA (Leyenda de Sanarate): 



Siguamonta
A finales del Siglo XIX y durante la primera mitad del siglo XX, la capital guatemalteca se expande y crece más allá de los barrancos que la rodeaban y habían mantenido hasta cierto punto contenida en lo que hoy son las zonas céntricas de la ciudad. Este crecimiento trae consigo horripilantes sucesos y surge así la leyenda de la Siguamonta…

Muchos confunden a la Siguamonta con la Siguanaba, primero por el obvio parecido en los nombres, y también porque ambos nefastos personajes suelen atraer a sus víctimas a sus muertes, aunque se valen para ello de estrategias muy distintas, dirigidas contra una presa en especial: mientras la Siguanaba atrae a los hombres mujeriegos, la Siguamonta hace lo propio con los niños curiosos y desobedientes.

Y es que a principios del siglo pasado, la ciudad no era para nada ruidosa –al menos no comparada con el ensordecedor bullicio de estos días- y la rodeaban verdes barrancos repletos de vegetación y animales. A falta de suficientes puentes y caminos, los habitantes solían atravesar los barrancos para acortar las distancias entre una y otra zona. Es durante estos cortos trayectos entre los matorrales que empezaron a suceder cosas horribles, pues varias personas ya no volvían a casa, solo para ser encontrados muertas algunas horas o incluso días después. Muchas de las víctimas eran niños que presentaban múltiples heridas, pero no era claro si esos golpes habrían sido propiciados por algún adulto o por el contrario los habrían sufrido al caer por el barranco.

La teoría más aceptada era que en los barrancos de la ciudad se escondían peligrosos y desalmados bandoleros que aprovechaban para asaltar y despojar de sus pertenencias a quienes se aventuraban a ingresar en sus profundidades con la esperanza de ganar algunas horas en su recorrido.

La mayoría de padres de familia prohibiría a los niños acercarse a los barrancos, pero su naturaleza rebelde y curiosa los obligaba en muchos casos a desobedecer, formando pequeños grupos para sentirse más seguros al momento de ingresar al barranco a investigar. En una ocasión, uno de estos grupos formado por 5 niños entre los 8 y 13 años de edad, bajó por el barranco del barrio Gerona que separa las zonas 1 y 5 de la capital para realizar su habitual recorrido de 2 horas. Eran aproximadamente las 4 de la tarde y los niños ya casi terminaban su recorrido, cuando escucharon el peculiar silbido de un pajarito:

“Tutuiiit! Tutuiiit! Tutuiiit!”

Al no poder ver al ave que producía tan simpático sonido, los 2 chicos mayores de 12 y 13 años decidieron ir a investigar, avanzando algunos pasos. Cuando los chicos caminaban el ave no producía ningún sonido, y cuando paraban repetía su silbido, como llamándolos: “Tutuiit! Tutuiiit!”. Los chicos se alejaban cada vez más de los pequeños de 8 y 10 años, quienes los llamaban a gritos para que no siguieran y que no los dejaran solos. En vano. Los chicos desaparecieron detrás de unos arbustos y luego solo se escucharon sus gritos que se tragaban las profundidades del barranco para terminar en un silencio sepulcral.

Y entonces, nuevamente el silbido: “Tutuiit! Tutuiiit!” esta vez muy cerca de los pequeños, que alcanzaron a ver al pequeño pajarillo que parecía de oro al reflejar los últimos rayos del sol de esa tarde. Espantados, los chiquillos corrieron fuera del barranco llorando y pegando de gritos de terror y de auxilio.

Algunos adultos que regresaban de sus faenas diarias los detuvieron y tras tranquilizarlos escucharon incrédulos la historia que les contaban, pero al notar la ausencia de los mayores de 12 y 13 años organizaron un grupo de búsqueda y rescate. Sus esfuerzos fueron infructuosos debido a la caída de la noche, pero muchos hombres dijeron haber escuchado los silbidos a través del monte y algunos incluso dijeron haber visto unos ojos brillantes que los observaban entre los arbustos. Entre ellos, estaba un dominicano que huyó despavorido al sugerir que se trataba de la Ciguapa, un fantasma que vive en cavernas y montes de aquella isla y baja a los ríos en busca de afecto y protección.

No fue sino hasta al día siguiente que pudieron encontrar los cuerpos de los niños. Es así como de la fusión de la historia del pajarito visto por los niños y de la Ciguapa sugerida por el dominicano surge la Siguamonta en el imaginario popular, como un ave endemoniado dorado y  de simpatiquísimo cantar que atrae a los niños curiosos y desobedientes hasta su muerte.

La historia de la Siguamonta recorrería toda la ciudad de Guatemala y sería transformada en incontables versiones por padres angustiados que buscaban la manera de mantener a los niños lejos de los barrancos.


Hoy en día, aún hay quienes creen en la Siguamonta principalmente en el interior del país, y sugieren que al escuchar el cantar de un pajarito deben ignorarlo y proseguir su camino para evitar caer en su encantamiento potencialmente fatal.